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“Lo importante es la cabeza”; “Sin cabeza no puedes ganar”.  Frases que todos hemos oído alguna vez. Pero ¿a qué nos referimos exactamente cuando hablamos de “la cabeza”? ¿Es realmente tan importante? ¿No son las piernas las que nos impulsan? Bueno, veamos que es y que pasa en la cabeza de un ciclista que quiere mejorar y ganar.

Jorge Blasco. Licenciado en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte – Ciclismo y Rendimiento

Cuando hablamos de “la cabeza” nos estamos refiriendo realmente a lo que pasa dentro de ella. Bueno, mejor dicho, a todos los pensamientos que surgen de ella. O más en concreto, de nuestro cerebro. Estaríamos entrando en el terreno de la psicología. Y sÍ, en el mundo del deporte y del rendimiento deportivo es fundamental una buena psicología. Porque, en el fondo, el origen de toda nuestra actividad deportiva es psicológico. Lo que nos mueve y nos impulsa a competir, a entrenar, o solamente a dar una vuelta con los amigos, es pura psicología. Y todo empieza con el pilar básico del rendimiento, no solo deportivo, de cualquier tipo, la motivación.

Si no nos motiva algo es imposible dar el máximo de nuestro potencial. Y cuanto más grande sea esa motivación, mejor y más posibilidades de lograr lo que nos propongamos. Cuando de niños deseábamos que llegara el verano para poder coger la bici en el pueblo, era porque nos motivaba el placer de montar en ella, de sentirnos libres, su deslizamiento, la adrenalina u otras emociones que nos generaba pedalear. Esa búsqueda de satisfacción de los deseos, sean del tipo que sean, es la generadora de motivación. Es un poderosísimo mecanismo del que nos ha dotado la evolución y que todos tenemos.

Ya de mayores, cada uno de nosotros como ciclistas encuentra unas motivaciones diferentes para salir a pedalear. Ser conscientes de las de cada uno, es muy importante. Pueden ser muy diversas y variadas. Precisamente, la gran popularidad del ciclismo, tanto como práctica deportiva competitiva como recreacional se debe a las múltiples satisfacciones que la bicicleta puede generar en sus usuarios. Las más habituales podrían ser:

  • Placer por el movimiento y deslizamiento.
  • Bienestar físico por la práctica de actividad física.
  • Conocimiento de nuevos lugares.
  • Contacto con la naturaleza.
  • Mejora en las capacidades físicas asociadas al ciclismo.
  • Relajación y evasión mental.
  • Afán de superación y competición.
  • Interacción social.

Estas pueden ser algunas de las más habituales, pero seguro que cada uno de nosotros puede identificar muchas otras. Pero repito, lo realmente importante para nuestro rendimiento deportivo, es conocer las nuestras. Y ¿porqué es esto importante? Bueno, porque un pilar de nuestro entrenamiento debe ser el de mantener alta la motivación. Porque la motivación no es algo estable y permanente. Desde luego es la chispa que inicia todo. Pero una vez que nos impulsa a salir a montar, a entrenar o a competir, esa motivación irá variando. Unas veces irá aumentando, pero otras, irá decreciendo. Incluso puede llegar al punto de perderse por completo. Y sobre esas fluctuaciones si podemos actuar como entrenadores. Identificar claramente que es lo que nos mueve a dar pedales, y en nuestro caso más concreto, a entrenar, será imprescindible para poder organizar el entrenamiento y las competiciones de la mejor forma.

Siempre nos referimos a la individualización como uno de los pilares del entrenamiento. Si hablamos de la parte psicológica, en concreto de la motivación, la individualización debe ser máxima. Esto hace complicado poder resumir en un artículo todas las acciones que podemos llevar a cabo para su mejora. Habría que poner tantos matices como lectores tenemos. Pero vamos a realizar un esfuerzo en ello y buscar consejos generales que todos podamos adaptar a nuestras circunstancias. Vamos a ello.

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¿Cómo maximizar la motivación mediante el entrenamiento?

Si estás leyendo estas páginas es porque, en mayor o menor medida, el afán de superación y la competición son motivaciones importantes para ti. Al hacer el análisis de lo que te mueve a montar en bici han tenido que salir en las primeras posiciones.

El afán de superación estaría más centrado en uno mismo, en mejorar como ciclista, en lograr ser la mejor versión de nosotros independientemente de los demás. También entrarían aquí las ganas de mejorar para poder completar retos o desafíos más exigentes. Desde completar marchas cada vez más duras a poder participar en viajes ciclistas de varios días o en pruebas por etapas.

La motivación competitiva sería un paso más respecto al afán de superación personal. Esta pasaría, necesariamente, por medirnos con los demás por lograr los mejores resultados posibles frente a otros ciclistas. Este matiz es importante a la hora de enfocar el entrenamiento, y más aún, las competiciones en que vamos a participar.

Una vez sabemos que nos motiva, vamos a ver que podemos hacer para que esa motivación sea duradera.

Calendario bien escogido (se realista)

Lo fundamental es que sean retos exigentes pero realistas, asequibles para nuestras cualidades y nuestras circunstancias. No queramos abarcar árboles demasiado grandes para nuestros brazos. Cuanto más largas sean las pruebas, más tiempo necesitaré para entrenarlas bien. Si mi trabajo y mi familia no me dejan suficiente tiempo es mejor buscar retos más sencillos, o por lo menos, más cortos.

Si lo que me gusta es la competición pura y dura lo mejor es identificar aquellas pruebas que se me adaptan mejor. XCO si soy muy técnico y tengo buena potencia aeróbica. Maratones si soy peor técnicamente (hay más variedad de recorridos) y tengo un motor más diésel. Pruebas por etapas si me recupero bien de un día a otro.

Hay que evitar dejar llevarse por la publicidad o las modas. Algunas pruebas pueden tener mucho nombre y fama, pero no adaptarse a nuestras características. Elegir lo que mejor se nos adapta hará más difícil caer en la frustración. Y más fácil mantener una motivación alta, evitando que, ante la perspectiva de un posible fracaso, el peso del reto nos aplaste y nos acabe por quitar las ganas de seguir peleando por ello.

Organizar bien el entrenamiento semanal (sigue siendo realista)

Una vez elegido objetivos y puestos manos a la obra hay que seguir siendo realista. No hay nada más frustrante que preparar semanas de entrenamiento muy bien organizadas y pensadas, pero que luego no seamos capaces de cumplirlas por falta de tiempo o por imprevistos. Mejor apuntar más abajo y así evitar esa frustración. Recuerda, la base sería dejar 1 o 2 sesiones semanales para sesiones de alta intensidad, y otra más para una sesión más larga. Con ese mínimo ya podemos hacer grandes progresos, sin necesidad de agobiarnos demasiado.

Elegir los entrenamientos que más nos motiven (hay mucha variedad)

Dentro de la gran variedad de sesiones de entrenamiento que podemos diseñar, siempre habrá unas que nos gusten más que otras. Hay ciclistas que prefieren las sesiones de zona 5, con series más cortas, de 2’ a 4’, otros prefieren series más largas, en zona 4, y otros que son más de ritmo crucero, sesiones de zona 3.

Sabemos que hay que priorizar las sesiones más específicas para nuestros retos (otra razón para elegirlos bien). Pero si notamos que un tipo de entrenamiento nos aburre, nos intimida mucho, nos agobia… mejor prescindir de el o por lo menos limitarlo al máximo. Al contrario, si sabemos que otro entrenamiento nos gusta y nos motiva especialmente, lo meteremos más veces. Siempre buscando que siga siendo un estímulo fisiológico suficiente, que no sea muy ligero, porque entonces no nos servirá de gran cosa. Muchas veces es más importante elegir un entrenamiento que disfrutemos que uno que, en teoría, sea más eficaz.

Dar importancia al descanso

Es un consejo recurrente en nuestros artículos. El descanso es importantísimo. Pero este mensaje es, sobre todo, para aquellos que entrenan muchas horas. A partir de 10-12h semanales es cuando hay que empezar a prestar mucha atención a los descansos. Con menos horas, ya descansamos suficiente los días que no entrenamos.

La fatiga afecta mucho a la motivación y al ánimo. De hecho, un mal humor persistente, o un decaimiento del ánimo muy grande, pueden ser síntomas de sobre entrenamiento. Organizar bien los descansos nos facilita mantener la motivación alta. Incluso aquellos hiper motivados, que de solo pensar en un día sin pedalear les entran sudores fríos, necesitan descansar bien para no terminar quemados de cabeza. Pasa como en las marchas y maratones. La primera media hora todos nos sentimos pletóricos, y eso nos lleva a mantener ritmos más altos de lo debido. Al final la realidad se impone y nos pasa la factura con un buen pajarón. Nuestra percepción a corto plazo nos hunde el resultado a largo. Pues con la motivación para entrenar nos puede pasar igual. Al comienzo del año nos comemos el mundo, pero al final la temporada es larga. No lo olvides.

También debemos tener en cuenta que el descanso es algo más que un día sin entrenar. Hay que lograr desconectar de verdad. Sobre todo de la parte más exigente de la bici, los entrenos, las carreras, resultados. El día de descanso debe serlo también de mente. Y dentro del descanso no podemos olvidar la parte más determinante, el sueño. Lograr un sueño suficiente y de calidad es la base de un buen descanso, y eso debe ser diario. Si hay problemas de sueño debemos solucionarlo cuanto antes.

Variedad en el entrenamiento (métodos, lugares, grupos…)

La monotonía es uno de los mayores venenos para la motivación, en cualquier orden de la vida. Hacer siempre lo mismo es comprar muchas papeletas para estancarnos. La rutina puede ser relativa al tipo de entrenamiento, a los lugares, los compañeros, el clima, etc. Todos los elementos influyen.

Pero los más importantes, los que más marcan la sensación de variedad, son los lugares donde entrenamos y los métodos que usamos. Dentro de nuestra zona de entrenamiento habitual será importante tener variedad de recorridos. No limitarnos a uno o dos, y cada poco tiempo será bueno buscar nuevos horizontes. Descubrir nuevas rutas es de lo más motivante que podemos hacer. Si nos podemos permitir coger el coche el fin de semana y alejarnos más, mucho mejor. O ya, si nos escapamos varios días a otra zona, totalmente diferente de la habitual, lograremos que esa escapada, en si misma, sea parte de nuestra motivación al entrenar.

Los métodos de entrenamiento son muy variados ¡usemos esa variedad! Salir cada entrenamiento a tope, por mucho que sea lo que nos pide el cuerpo, acaba aburriendo.. Igualmente, salir a rodar mucho tiempo a pocas pulsaciones puede estar bien al principio, pero no para varios meses. Si queremos mantener la motivación por los entrenamientos tenemos que ir variando los estímulos y las sesiones. Podemos planificar esos cambios, pero también podemos ir escuchando nuestras sensaciones y los que nos pide el cuerpo.

Muchas veces nos dejamos llevar en exceso por lo que leemos o nos cuentan. Planificamos “de libro”. Eso puede funcionar con algunos, pero igual no con todos. En lugar de eso escucha tu cabeza, incluso tu corazón, y disfruta de cada entrenamiento haciéndolo diferente. No estamos diciendo que caigas en la anarquía total. Sigue un plan, pero dentro de ese plan se flexible y escucha lo que te pide el cuerpo, y la mente. Unos días muy intenso, otros muy tranquilo. Muy corto y muy largo. En llano o con mucha subidas. Estos cambios, guiados por lo que más te motive en cada momento, y no solo por la “plantilla”, deben tener su espacio en tu entrenamiento.

Hay vida más allá de la bici

Si, aunque a veces no cueste verlo, es cierto. Además de montar en bici se pueden hacer más cosas, e incluso ¡divertirse con ellas!. Esto puede parecer algo obvio, pero no es tan raro que dentro de la espiral competitiva y de la “burbuja ciclista” se nos olvide. Es bueno cultivar un ocio alternativo que nos permita relajarnos y alejarnos, de vez en cuando, del mundo de las dos ruedas.

Y también recordar que no somos profesionales, que la bici es una maravillosa afición, pero no nuestro medio de vida, ni nuestra familia. A veces es complicado lograr un buen equilibrio entre todos estos elementos, pero lograrlo es importante para poder disfrutar con plenitud. Cuando lo conseguimos, el disfrute es mayor, y la motivación crecerá. No lo olvides.

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