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Una cuestión que muchas veces nos plantean los ciclistas que acuden a hacerse un análisis biomecánico es si su técnica de pedaleo es la correcta, lo cual es una pregunta realmente compleja puesto que dicha valoración no es precisamente fácil de medir o cuantificar. A lo largo del siguiente artículo trataremos de explicar de la forma más sencilla posible lo que la ciencia nos aporta sobre este apasionante tema.

Yago Alcalde. Licenciado en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte. Máster en Alto Rendimiento Deportivo. Entrenador Nacional de Ciclismo – Ciclismo y Rendimiento

Fuerzas positivas y fuerzas negativas

Siempre resulta interesante explicar que no toda la fuerza que se aplica sobre el pedal se traduce en instantáneamente en velocidad. En este sentido, tenemos que hablar de dos tipos de fuerzas: tangenciales y radiales. Las fuerzas tangenciales son las que producen movimiento sobre las bielas, es decir, son las fuerzas que se aplican en sentido transversal a la dirección de la biela. Por otro lado, encontramos también unas fuerzas opuestas que se denominan radiales y que se caracterizan porque no provocan ningún movimiento sobre las bielas al estar dirigidas hacia el centro del eje del pedalier. La suma de las fuerzas tangenciales del pedal derecho e izquierdo multiplicado por la longitud de la biela es lo que se denomina par de fuerza (o torque). Y la potencia total es el resultado de multiplicar el torque por la velocidad angular o la cadencia.

A lo largo de una pedalada completa, la potencia que se produce sobre el pedal varia en función del momento de la misma como podemos ver en el gráfico número 1. Como se puede observar, la máxima potencia se consigue cuando la biela está en 90 grados, es decir, cuando está perpendicular al suelo y tenemos la rodilla justo encima del pedal. En este punto es donde realmente conseguimos aplicar la mayor fuerza útil para propulsar la bici hacia delante. Cuando el pedal llega a la parte inferior de la pedalada, podemos observar que la potencia que estamos produciendo es más bien poca, lo cual es lógico si nos paramos a pensar en la posición del pie en ese punto de la pedalada. La parte del gráfico que normalmente causa más asombro es la que va desde los 180 hasta los 360 grados, es decir, cuando se analiza lo que sucede en la fase en la que el pedal está en ascenso. Durante la mayor parte de esta fase, la potencia que se genera sobre el pedal es negativa, es decir, se está frenando la biela por muy bien que se pedalee. A no ser que estemos tirando del pedal hacia arriba de forma de forma activa, siempre dejamos cierto peso sobre el pedal que frena la fuerza que la pierna contraria está haciendo hacia abajo. Así pues, la potencia que generamos sobre cada pedal es el resultado de la potencia que generamos cuando el pedal está bajando menos la potencia que perdemos cuando el pedal está subiendo.

Teniendo en mente este concepto, podríamos pensar de una forma totalmente teórica que se podría pedalear a la misma potencia de infinitas maneras en función de cómo distribuyamos la potencia en cada pedalada. Los dos extremos serían: aplicar muchísima fuerza en la bajada del pedal y relajarnos del todo en la subida o relajarnos en la bajada y tirar con fuerza del pedal en la subida. O una cosa intermedia: empujar y tirar del pedal con la misma fuerza para crear una distribución de la potencia homogénea durante todo el ciclo. Entre estos dos extremos, ¿qué es lo mejor? ¿Un pedaleo más bien homogéneo o un pedaleo más a pistonazos? Y lo que es realmente importante es: ¿a qué nos referimos cuando decimos “lo mejor”? Vayamos un poco más lejos…

Eficiencia

Si decimos que un ciclista pedalea mejor que otro, ¿a qué nos estamos refiriendo realmente? Aquí entra en juego el concepto de eficiencia, así como producción máxima de potencia. Y es que ambas suenan bien, ¿no? Veamos que significan cada una de ellas.

La eficiencia es la relación entre el gasto energético y la potencia generada, es decir, cuanta energía gastamos cuando estamos pedaleando. Un ciclista muy poco eficiente sería aquel que, por ejemplo, hiciese mucha fuerza vertical cuando el pedal está abajo del todo, ya que, aunque está aplicando mucha fuerza sobre el pedal no está generando una fuerza tangencial sino radial. Recordemos que la fuerza tangencial es aquella que imprime movimiento a la biela, al contrario que la fuerza radial. En este caso, este ciclista es poco eficiente porque está gastando mucha energía que no se está traduciendo en generar movimiento. Aunque la forma precisa de medir eficiencia es a base de medir el consumo de oxígeno, podemos hacernos una idea sobre la eficiencia si observamos la relación entre la frecuencia cardiaca y la potencia producida. De esta forma, llegamos a la conclusión de que conseguir una pedalada eficiente es el objetivo número 1, ya que nos va a permitir reducir el gasto energético y por lo tanto nos fatigaremos menos cuando estamos pedaleando a intensidades submáximas, es decir, cuando no vamos a tope, que es casi siempre.

Sin embargo, cuando el objetivo es pedalear a la máxima intensidad posible, lo que nos interesa es conseguir la máxima potencia sin tener en cuenta el gasto energético o el coste metabólico. En este contexto, el concepto de la mejor técnica de pedaleo cambia mucho, ya que entran en acción otros músculos.

¿Se puede mejorar la técnica de pedaleo?

Valorar la eficiencia de pedaleo de un ciclista supone una tarea muy compleja, ya que no solo supone medir de forma independiente la producción de potencia de cada pierna, sino que también requeriría la medición del consumo máximo de oxígeno empleando diferentes técnicas de pedaleo. Al respecto, se han hecho múltiples estudios en los que se ha analizado la eficiencia del pedaleo de varias maneras. Se ha estudiado que el 85% de la potencia la producen los músculos extensores de la cadera (glúteos predominantemente), extensores de la rodilla (cuádriceps) y flexores plantares (gemelos y sóleo). Estos músculos están diseñados específicamente para producir grandes niveles de fuerza de forma eficiente. Los flexores de la rodilla (isquiotibiales) tan solo aportan en torno al 10% de la potencia total producida, entre otras cosas porque son músculos relativamente débiles e ineficientes. Cuando un ciclista pedalea sin pensar, el sistema nervioso central escoge de forma automática una técnica de pedaleo eficiente. En este sentido, cuando voluntariamente se cambia la forma de pedalear, lo normal es que la eficiencia disminuya. Por ejemplo, si se trata de pedalear más en círculos a base de tirar hacia arriba de los pedales, el aumento de la actividad de los ineficientes isquiotibiales (músculos de la parte trasera del muslo) se traduce en una técnica de pedaleo menos eficiente. De igual forma, en otro estudio pidieron a los ciclistas que pedaleasen manteniendo el pie más de punta e igualmente se observó que era menos eficiente.

A la luz de estas observaciones y basándonos en nuestra experiencia, no aconsejamos a los ciclistas que modifiquen su técnica de pedaleo a no ser que observemos algún patrón de movimiento que pueda estar causando algún tipo de lesión o cuando dicha técnica se aleje en gran medida de lo que sería una técnica de pedaleo estándar. Algunas bicis estáticas, algunos rodillos o algunos medidores de potencia proporcionan valores de efectividad de pedaleo que promueven una aplicación de fuerzas homogénea a lo largo del ciclo de la pedalada, es decir, el pedaleo redondo o la eliminación de puntos muertos. Al respecto, señalar que no existe evidencia científica que soporte la idea de alterar la técnica de pedaleo para mejorar la eficiencia por lo que la información que nos proporcionan estos dispositivos debe ser interpretada con ciertas cautelas.

Volviendo al gráfico 1, podríamos resumir que la forma de optimizar la técnica de pedaleo sería a base de minimizar la potencia negativa que se produce en la fase ascendente de la pedalada, es decir, tratando de quitar peso del pedal que sube pero sin llegar a tirar hacia arriba del pedal.

Simetría

Por defecto, tendemos a asociar simetría de pedaleo con perfección, lo cual no está demostrado científicamente. Además, dicha simetría solo se puede medir con medidores de potencia que midan ambos pedales bielas de forma independiente. Existen medidores de potencia localizados en la araña que ofrecen datos de simetría cuya precisión es cuestionable por la forma en la que se obtienen los datos. Esta medición se denomina balance. Estos dispositivos, dividen la pedalada en dos: cuando el pedal derecho está bajando y cuando el pedal izquierdo está bajando. La potencia que mide cuando el pedal derecho está bajando la denomina la potencia de la pierna derecha, lo cual es erróneo, ya que es la suma de la potencia de la derecha, así como la potencia que se produce sobre la biela izquierda cuando esta está subiendo. De este modo, si un sistema de este tipo nos dice que producimos más potencia con la pierna derecha quizá lo que esté sucediendo es que la pierna izquierda es capaz de aligerar mejor el peso cuando el pedal está subiendo.

Cuando se ha correlacionado simetría con eficiencia, no se ha encontrado relación entre ellas, por lo que no se puede afirmar que ser más simétrico no es sinónimo de ser más eficiente, y por lo tanto, buscar la simetría en la pedalada puede que no tenga mucho sentido a no ser que haya lesiones que puedan derivarse de dicha asimetría.

Otra limitación importante del análisis de la técnica es que esta se va a ver afectada principalmente por 4 variables: intensidad, cadencia, velocidad y fatiga. Esto quiere decir que lo que podamos observar o medir a una intensidad o a una cadencia determinada a lo mejor no tiene nada que ver cuando cambian estas circunstancias, y por lo tanto, es difícil crear un protocolo o tener una referencia clara sobre cuál es la mejor técnica de pedaleo.

Así pues, el resumen de este artículo es que pedalees como puedas…Si vas cómodo y no tienes lesiones es muy probable que estés pedaleando correctamente. En este sentido, lo que solemos observar es que cuando la posición del ciclista es la correcta en cuanto a colocación de calas, así como altura y retroceso de sillín casi todos los ciclistas son capaces de pedalear correctamente de forma automática ya que nuestro cuerpo siempre va a ir en busca de la mayor eficiencia con el objetivo de gastar menos energía.

 

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